Asociación Criarte

Asociación para fomentar la crianza con apego, educación sin violencia, educación libre, etc. Difusión de los principios de la crianza natural y lo que esté relacionado con ello: colecho, babywearing, lactancia materna prolongada, desarrollo humano integral, creatividad, etc.

miércoles, febrero 15, 2006

BABYWEARING

Este concepto no se refiere a otra cosa que a cargar al bebé, llevarle consigo. Desde que existe la humanidad, los bebés han estado pegados a sus madres hasta adquirir una cierta autonomía motriz, mediante telas anudadas de mil maneras. En culturas menos industrializadas, está es todavía la forma más habitual de transportar a los bebés.
Desgraciadamente, nuestra sociedad está regida por el consumo y los mensajes publicitarios. En muy poco tiempo hemos dado la espalda a nuestro instinto de coger en brazos al bebé y llevarlo con nosotros allá donde vayamos, para pasarlo a su cochecito apartado físicamente del calor de su madre. En los hospitales se utilizan incubadoras y frías cunas en lugar de darle el bebé a la madre para que ésta le proporcione el calor necesario.

El hecho de transportar al bebé pegado al cuerpo de la madre implica muchos aspectos positivos para ambos. En primer lugar, el constante contacto físico afianza el vínculo madre-hijo imprescindible para un perfecto desarrollo emocional y psicológico del bebé. Se estimula el desarrollo del cerebro debido a que desde la perspectiva en la posición del babywearing tiene acceso a estímulos mucho más ricos y similares al adulto, mientras que desde el cochecito solo ve el techo o el cielo. A raíz del movimiento y el roce con el cuerpo de la madre, el sistema digestivo también se ve positivamente influenciado, así como el sentido del equilibrio. Ser llevado es como una gimnasia pasiva, por lo que tampoco hay que preocuparse por la supuesta “pasividad” del bebé. Jean Liedloff sostiene la idea de que los bebés tienen como expectativa el ser pasivos la mayor parte del tiempo, no tener la obligación de intervenir constantemente en las situaciones. Si son llevados, pueden observar perfectamente todo lo que ocurre en su alrededor, pero sin la necesidad de reaccionar activamente. Esto les lleva a un aprendizaje tipo “esponja” y permite que puedan asimilar las experiencias vividas de una forma mucho más adecuada.

Antropólogos que han estudiado culturas en todo el mundo afirman que los bebés que son llevados la mayor parte del día, lloran menos. En nuestra sociedad aceptamos la idea de que es normal de que los bebés lloren durante horas, pero esto no es así en todas partes. En culturas donde el babywearing es habitual, el bebé siempre está en brazos de alguien hasta conseguir una cierta movilidad que le permite explorar su entorno activamente, hacia los 9 o 10 meses.

Por otro lado, el babywearing favorece mayor contacto visual con la madre. Aunque la madre no tenga que estar pendiente todo el tiempo del bebé, porque tiene la seguridad originaria de que está bien mientras esté con ella, el bebé puede orientarse en este mundo según las reacciones de su madre. Nota su pulso, el calor corporal y todas las demás indicaciones físicas que tenemos, para saber cómo valorar una situación determinada. De este modo la madre ayuda indirectamente al bebé a encajar las vivencias en sus sistemas emocionales e intelectuales.

Según el Dr. Sears, las ventajas de esta práctica de transportar al bebé llega a diferentes aspectos del desarrollo. De este modo comenta por ejemplo que bebés “portados” son más organizados, más sociables y tienen más facilidad de aprendizaje. Con el babywearing se facilita incluso la lactancia materna ya que al estar pegado el bebé al cuerpo materno la mayor parte del tiempo, se estimula la producción de la leche y el bebé “recuerda” más fácilmente que quiere mamar. Al estar cuerpo con cuerpo, se establece tal vínculo entre madre e hijo ya desde los primeros días que sus ritmos de vigilia-sueño se sincronizan con rapidez, ayudando a un mayor descanso de la madre.

Las ventajas para la madre son tan obvias que sorprende que no sea una práctica mucho más extendida. La queja de toda madre suele ser que no puede hacer nada y que está muy cansada porque aprovecha las horas de siesta del bebé para hacer la casa. Las madres que practican el babywearing no tienen este problema: cargan al bebé en la cadera o en la espalda y así hacen los labores de la casa. Normalmente el bebé se duerme con el movimiento, pero si no es así, suele estar muy entretenido mirando lo que hace su madre. Así, la madre no tiene que doblar jornadas ya que se puede planificar como más le convenga sin tener que esperar a que el bebé se haya quedado dormido.

Por último, cabe destacar que esta práctica facilita la creación del vínculo también con el padre o con otras personas que se hacen cargo del bebé si se le porta con un fular, bandolera o mochila portabebés. Si el bebé está a cargo de otra persona que no sea la madre algunas horas del día, como pueden ser el padre, un hermano mayor o una cuidadora, el babywearing es la manera de que el bebé se sienta protegido y seguro a pesar de la ausencia de la madre. El contacto físico constante favorece una comunicación inequívoca y afianza la relación entre el bebé y el adulto.